[vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=»La benevolencia » font_container=»tag:h6|text_align:left» use_theme_fonts=»yes»][vc_column_text]«Querer bien a otros es un movimiento de amor. Nosotros sentimos esa benevolencia de varias maneras. Por un lado de ser humano a ser humano, ante todo entre hombre y mujer, cuando quieren permanecer junta una vida entera. La benevolencia mutua los une de una manera venturosa.
Aún con los que han permanecido ajenos a nosotros, podemos ser benevolentes. La benevolencia supera lo desconocido, sin que por ello excedamos esta actitud interna, como por ejemplo, acercándonos o complaciéndolos. La benevolencia por sà sola ya nos acerca y nos pone al alcance de otros.
La benevolencia la aprendemos y la ejercitamos de una manera extensa, si entramos en concordancia con los movimientos de aquel espÃritu que todo lo mueve, tal como es, que todo lo quiere, tal como es, porque lo piensa, como es. Por ello está dirigido a todo, tal como lo piensa y lo mueve.
Si nos sintonizamos con estos movimientos, si somos abarcados por ellos y si ellos nos cogen en su movimiento, también nosotros nos descubrimos dirigidos a todo, tal como es. Nos encontramos consagrados a él benévolamente.
¿Es esta benevolencia lo mismo que nuestra benevolencia de ser humano a ser humano? Es una benevolencia del espÃritu, una benevolencia en sintonÃa con los movimientos del espÃritu. Esta benevolencia es en primer término un asentimiento a todo, tal como es, también a aquello que a nosotros y a otros les causa miedo, Por lo tanto, en el fondo, es el asentimiento a los movimientos del espÃritu tal como mueven todo.
Este asentimiento se dirige en primer término a este espÃritu, tal como mueve todo y recién en segundo término hacia aquello que él mueve. Sea lo que sea lo que él mueve, nosotros primero lo miramos a él y sólo junto con él a aquello que mueve. Por ello mantenemos la distancia hacia aquello que él mueve y renunciamos a toda intención propia.
Nuestra benevolencia permanece por consiguiente sin intención, Deja a cada cual y a todo ahÃ, a donde exclusivamente pertenece, hacia donde exclusivamente se dirige por sà mismo, hacia donde exclusivamente encuentra y completa su destino.
A la vez, también nosotros nos quedamos ahÃ, ahà a donde pertenecemos, hacia donde nos movemos, hacia donde nuestro destino fue predeterminado y donde movido por este espÃritu, tal como lo quiere, se cumple para nosotros.»
«El Amor del espÃritu» Un estado del Ser – Bert Hellinger. Edit. Rigden Institut Gestalt[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]