[vc_row][vc_column][vc_column_text]Este aƱo, a travĆ©s de esta experiencia que la humanidad entera estĆ” viviendo, se nos recordó que todos somos parte de un sistema mĆ”s grande que hasta este tiempo nos pensĆ”bamos. Comenzamos a hacerle lugar al otro, a los otros, donde el otro no deja de reflejarme, donde lo que le afecta al otro inevitablemente me toma y lo que me afecta tambiĆ©n salpica al otro. Y asĆ, este aƱo hemos ido expandiendo nuestra conciencia donde comenzamos a hacer un pasaje del yo al nosotros.
Estamos reconociendo que todos somos parte de un sistema mĆ”s grande y compartimos un destino colectivo. MĆ”s que en otros tiempos, resuena esta frase que tantas veces muchos de nosotros hemos escuchado: YO SOY OTRO TĆ. Y me inclino ante esta conciencia que ya comenzó a emerger con tanta fuerza.
Hoy todos estamos siendo invitados a encontrarnos en una nueva conciencia. Aunque no nos demos cuenta, estamos construyendo una nueva red, que es una red de hermandad.
Hace muchos aƱos llegaron las constelaciones para invitarnos a ir ordenando, en principio, nuestro plano personal y familiar para, a travĆ©s de los movimientos de reconciliación que desde el espĆritu fueron y son propiciados, poder acercarnos a la posibilidad de ofrecernos el servicio de esta red mayor que hoy ya a todos nos recordó que somos parte.
Cuantos mĆ”s seamos los que estemos al servicio de esta conciencia que ya despertó y que vamos construyendo como una red de hermandad, y cuanto mĆ”s inclinados estemos ante lo que el espĆritu nos estĆ” guiando, menores serĆ”n los costos, las pruebas y los desafĆos.

ĀæPor dónde se empieza? Como siempre por uno mismo, por tomar nuestro lugar en el sistema de origen, tomando el amor de nuestros padres y del linaje, ordenando la relación con los primeros iguales que son nuestros hermanos, y asĆ hacerle a cada uno un lugar en el corazón. Y asĆ, seguir haciĆ©ndoles lugar a todos los que han sido parte y lo siguen siendo en nuestra vida.
En el amor ordenado estÔ nuestra fuerza al servicio del propósito personal y colectivo.
Si algo las constelaciones nos vienen mostrando desde siempre es que la mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos, nietos y a los que llegan después de nosotros es un amor ordenado, es un mundo mejor, es un planeta mÔs respetado, es una humanidad a la cual le demos la dignidad que se merece, viviendo en una conciencia de intercambio y paridad donde a cada uno, desde su lugar y desde su función, nos encuentre al servicio del mismo propósito, respondiendo al llamado del alma.
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